La temperatura es uno de los parámetros más importantes que se deben comprender para utilizar la IA en el ámbito jurídico de manera responsable. Este ajuste, cuyos valores van generalmente de 0 a 2, controla la parte de aleatoriedad en la elección del siguiente token (palabra o parte de palabra) por parte del modelo. A temperatura 0, el modelo elige sistemáticamente el token más probable: las respuestas son deterministas y reproducibles. A temperatura elevada, el modelo explora alternativas menos probables, lo que aporta creatividad pero también imprevisibilidad.
Para los profesionales del derecho, el ajuste de la temperatura es crítico. Se recomienda una temperatura baja (0.1 a 0.3) para cualquier tarea jurídica que requiera precisión y fidelidad a las fuentes: análisis de contratos, investigación jurisprudencial, síntesis de resoluciones. En estos niveles, el modelo se mantiene lo más cerca posible de la información factual y minimiza los riesgos de alucinaciones.
No obstante, una temperatura más elevada puede resultar útil en determinados contextos jurídicos: brainstorming de argumentos, exploración de estrategias contenciosas o redacción de primeros borradores donde la creatividad es bienvenida. Lo esencial es elegir conscientemente el nivel de temperatura en función de la tarea y verificar siempre las producciones de la IA, sea cual sea la temperatura utilizada.