El Legal Design nació de la convicción de que el derecho puede hacerse accesible para todos sin sacrificar su rigor. Teorizado en 2014 por Margaret Hagan en el Stanford Legal Design Lab, combina los métodos del Design Thinking (empatía, ideación, prototipado, prueba) con la experiencia jurídica para crear documentos, contratos e interfaces que sitúan al usuario en el centro.

En Francia, Amurabi, fundada por Marie Potel-Saville, es pionera en la transformación de contratos, condiciones generales de venta y avisos legales en soportes visuales y comprensibles. Según un estudio de Juridy (2025), el 48 % de los departamentos jurídicos franceses ya han probado el Legal Design, señal de una adopción creciente en las grandes empresas.

El Legal Design se aplica a numerosos casos de uso: contratos visuales con pictogramas y esquemas, recorridos de usuario para las plataformas jurídicas en línea, políticas de confidencialidad simplificadas o soportes de formación para los equipos de negocio. Se integra perfectamente en un enfoque legaltech global, junto al CLM, el no-code y la firma electrónica.