Los agentes de IA (o IA agéntica) representan la próxima etapa en la evolución de la inteligencia artificial. A diferencia de un chatbot que responde a una única consulta de forma aislada, un agente de IA es capaz de descomponer una tarea compleja en subetapas, elegir las herramientas y fuentes adecuadas, ejecutar acciones secuenciales y ajustar su estrategia en función de los resultados intermedios. Es el paso de la "pregunta-respuesta" a la resolución autónoma de problemas.
En el ámbito jurídico, los agentes de IA abren perspectivas considerables. Jus Mundi lanzó Jus AI 2 en septiembre de 2025, un agente especializado en derecho internacional que midió un 125 % de mejora en la pertinencia frente a un LLM clásico. Un agente jurídico puede, por ejemplo, recibir una pregunta compleja, identificar los textos aplicables, buscar la jurisprudencia pertinente, cruzar las fuentes doctrinales y generar una síntesis estructurada: todo ello de forma autónoma e iterativa.
No obstante, esta autonomía plantea cuestiones de responsabilidad cruciales. ¿Quién es responsable de una acción tomada por un agente de IA sin validación humana intermedia? ¿Cómo garantizar la trazabilidad de las decisiones? El marco deontológico y la AI Act deberán adaptarse a esta nueva realidad en la que la IA ya no se limita a responder, sino que actúa de forma proactiva.